lunes, 6 de noviembre de 2017

A lo mejor es Dios

Gracias a mi amigo y editor, Javier Sánchez Menéndez, he conocido a Osvaldo Sauma.
Es de Costa Rica, y en su libro, Terapia de Locos, encontramos desgarros como éste:

(...)
yo también naufragaba en un mar sin orillas
aunque vos no lo vieras
o no quisieras verlo
que es la peor de todas las cegueras.

Los dos, Javier y Osvaldo, Osvaldo y Javier, son ejemplos.

........

Un par de alumnas han subido a mi Departamento buscando ayuda para entender la sintaxis. Mi compañera y yo les hemos fotocopiado apuntes, libros, ejemplos. Más apuntes, más libros, más ejemplos.
Una lista de oraciones resueltas. Vacías.
Aprender sintaxis. Entender el funcionamiento del idioma, el pálpito del habla, la emoción del alma si se comunica. Coordinación. Subordinación. Hilar un latido con otro, que se complementen.
Es difícil. Muy difícil. Mecánicos juguetes, hemos abandonado la conciencia y el pulso.
Sintaxis. Morfología. Miedo.
Entender que se comunican, y saberlo.
La angustia de lo abstracto. Y la juventud.

........

Necesitar la ausencia para germinar.

.......

A lo mejor es Dios
quien juega con mis pliegues
y me dobla y me desdobla
y remueve mi sangre.

Se deshojan los días.
Se queda en los huesos otra semana.

......

Para qué la piel, para qué mis huesos
sosteniendo mi sombra y mi vacío.
Que me lleve algún ángel de la guarda
bien lejos, esta noche.

Y que el viento me arrastre en su garganta
al océano inmenso
de los días perdidos.

.....

No es posible que sea un fracaso.
Los fracasos no son aire suficiente para las alas, ni grito incontrolable. No son de sol. No son de tierra entre los dedos, de vientre y de lluvia. Tú no eres un fracaso. Los fracasos no se sueñan, no se aman, no arden sin pausa veinte años.


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