Ir al contenido principal

Entradas

Alprazolam

Debajo de la lengua. Uno. Cuando sientas agitación, angustia extrema. Cuando veas el mundo tal como es al levantar las piedras de la rutina y la prisa. Un alprazolam amargo como este tiempo de certeza de que no hay un camino de vuelta a los días de antes, al amor de antes, a los besos de antes. No debía hablar con las sombras: no se les debe pedir lo que no sienten. *** En la televisión, un reportaje sobre diferentes modos en que los españoles pasaron el confinamiento. Siguen preguntando. Sigue siendo un tema para "romper el hielo", como hablar del tiempo en los ascensores. Menos mal que nadie me pregunta a mí. Menos mal.  No podrían creer que mudé la piel por completo. No podrían, ni pueden, imaginar la crisálida terrible, y la falta de aire, y el trance sobre su pecho. En la televisión, un reportaje sobre el confinamiento. Sé que no soy única en evocar un nombre concreto, una voz concreta.  En este renacer he vuelto a buscar una respuesta, una gota de amor, de amor, de amor...

Mil regresos

Debe haberlos. Regresar, volver, levantarse y caminar.  Las butacas vacías a veces aturden más que una multitud a gritos.   *** Se lo dije a mi amigo ayer: me está costando despegar. Tenía cuatro motores, dos en las alas, en la derecha y en la izquierda. Dos en los ojos, en el derecho y en el izquierdo. Y a veces se atascan uno a uno, dos a la vez, tres, o los cuatro al mismo tiempo. Sé el idioma del viento porque tú me enseñaste a domar cometas imposibles: las que tienen querencia de mar. *** Desde un perfil anónimo me escriben en la red social (hay muchas, pero todas son la misma): "eres muy creída y tus libros están plagados de chorradas". Esbozo una levísima sonrisa de mentira, y me engaño a mí misma, porque sonrío como si no me importara, pero nadie me ve. No tengo que fingir. Qué cansancio esta manía de construirle presas a las lágrimas. *** Quiero escribir, pero urge vivir y deshacer la maleta, guardar todo en su lugar. El regreso. Mil regresos de lugares inciertos. ...

Belle de Jour

Desconoce lo que hay bajo sus pies. No lo sabe. Pero a veces siente un leve temblor. Cambia el rumbo de la sangre, en un golpe de timón, brusco y frío, como la muerte que llega inesperadamente aunque intuida en el borde de la cama. No lo sabe. Pero a veces siente un dolor sordo, pequeño y constante, que no rompe del todo. Y cada día es un reto. Busca el faro que te guíe, amor, búscalo. Porque no lo sabes, pero bajo tus pies hay calles enterradas, ruinas de otro mundo y cadáveres de los que creyeron invencibles sus cimientos.  *** Que no es ortodoxo fluir en la corriente de las ganas, y que la culpa es mía, por ser lujuria líquida y responderte si me llamas. Pero culpable, sólo culpable. Incluso del fuego, y del aire, y del mar que me abre la cintura y se abre a ti.  Agujas invisibles atraviesan mi garganta y me inunda la vida una suerte de templanza extraña, fingido papel durante los días que vivo tan dormida como puedo, tan muerta como quisiera. Belleza y honestidad para las ...

Valentía

Que debo ser valiente para enfrentar la realidad: soy un producto de la sobreprotección como una forma de amor mal entendida. Eso me dices en tus momentos de lucidez dulce en los que quiero instalarme para siempre y no respirar. Lucidez punzante como astilla de hierro. Durísima lucidez que prefiero siempre a tus gritos. Que tenga valentía para reconocer que todo lo que percibo está equivocado y que te mostré al mundo como si fueras el monstruo secreto que cobijo bajo la cama. Lo hice. Y abrí mi pecho y te entregué todo lo que conocía, mientras el corazón me latía en los pezones al ritmo que le marcaba tu voz. Valentía le pides a un juguete destrozado y hay trozos de plástico de muñeca vieja en mi habitación de casa de mis padres.  Fue premonitorio y se ha cumplido: desnudos frente al espejo nunca conseguí ver tu sombra. Ya no estás. Y quieres que sea valiente para morir en un abrazo que no es el tuyo.  **** He desaparecido.  Pero en el hueco que habité crecen árboles frut...

No se acuerdan de tu nombre

Volví a sentirme como antaño: fiera y despierta. Y es que después de un divorcio amistoso, tranquilo pero tristísimo, la mente está entumecida. El cuerpo, también. Y se responde a los estímulos de forma feroz. Ni siquiera me planteé las consecuencias. Me bajé del coche, sí. Y el llegó hasta mí con una levita de cuero marrón oscuro, bufanda beige y recién afeitado. Me abrazó como me había prometido en tantas charlas en Whatsapp. Sentí al calambre y me atravesó la ropa. Y temblé en sus brazos que me apretaron con fuerza como queriendo deshacerme y fundirme con él.  ¿Qué me has hecho? Y me deshizo. Y fundió mi espíritu en sus ansias.  Meses, un año, siete meses más. Perdí el norte en su sur. Se desdibujaron mis líneas propias, esas que sostienen la cordura y me atan al suelo. Lo fui perdiendo todo. La vida dejó de importarme si tenía esa fuerza que me arrastraba en pleno sueño, con violencia, contra su pecho. No me permitió respirar, no podía respirar, no podía despertar, no quer...

Las estelas de los barcos

Me subiste a pulso del agua, y creías estar a muchos metros sobre mí. Lo que no sabías es que respiro en todos los niveles. Y llegar al fondo no me asusta. Tú sabes del mar y su ira, sus sacudidas rompen tu sistema por completo. En cambio yo soy capaz de parir en mitad de la tormenta mientras el frío te ahoga y te destruye. Ya no duele la herida del anzuelo. Aprendí a sellar mis labios y a no perseguir por amor las estelas de los barcos. 

Un momento eterno

Confieso el dolor y las obsesiones. No es habitual reconocer que se es frágil (aunque una haga aquí inventario de sus neurosis), que se es un poco demente, quizás, como lo somos todos. No es común la sinceridad de plantarse ante los demás como lo que se es. El uso de máscaras aceptadas y aceptables es la constante. Limpiamos rápidamente la sangre transparente derramada después de las puñaladas invisibles. Al trasluz se ven las huellas. Pero confieso el dolor y las obsesiones. El ninguneo, el silencio adrede, esa amistad que no es, que no está, pero fingió que era y que estaba. Ay, esas personas que llegan, absorben toda la luz, y se alejan dejándote a oscuras, por un momento solo. Un momento eterno.