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Baja la marea

Las personas que no son claras, que hablan a medias o que enredan las palabras hasta hacerlas inútiles me desesperan. Sí, me quitan la esperanza, me arrebatan energía y alegría.
Nos rodean. No conversan, sino que existen para sí mismas y su monólogo eterno.
Quizás he sido así también. Ahora procuro administrar mi capital de silencio y lo consigo. Aunque temo callar un día de éstos de forma irreversible y desembocar en la  sordera también, elegida y adrede.
Mejor aislarme por voluntad propia que estar a merced de la déspota compañía intermitente de los perdonavidas.
...
"Sólo una bala" me alcanzó una mañana del último verano eterno.
La extraje yo misma. No dolió.
Pero palpo en mi piel la huella del disparo y duele todavía. 
El verano no llega aún. Le impide entrar una barrera de nieve. Las más graves son las heridas de dentro. No sirve el hielo para callarles la voz. Y ya es cuestión de vida o muerte su calor, porque a los golpes internos no los calma el hielo.
...
Un impacto emocional, un relámpago último de rabia, la constatación de lo que siempre supe.
Todo se ordena desde su origen y en el olvido, baja la marea 



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