Las personas que no son claras, que hablan a medias o que enredan las palabras hasta hacerlas inútiles me desesperan. Sí, me quitan la esperanza, me arrebatan energía y alegría. Nos rodean. No conversan, sino que existen para sí mismas y su monólogo eterno. Quizás he sido así también. Ahora procuro administrar mi capital de silencio y lo consigo. Aunque temo callar un día de éstos de forma irreversible y desembocar en la sordera también, elegida y adrede. Mejor aislarme por voluntad propia que estar a merced de la déspota compañía intermitente de los perdonavidas. ... "Sólo una bala" me alcanzó una mañana del último verano eterno. La extraje yo misma. No dolió. Pero palpo en mi piel la huella del disparo y duele todavía. El verano no llega aún. Le impide entrar una barrera de nieve. Las más graves son las heridas de dentro. No sirve el hielo para callarles la voz. Y ya es cuestión de vida o muerte su calor, porque a los golpes internos no los calma el hielo. ... Un impacto ...
Eternos los rincones marinos a los que nunca llegamos. Déjalos así, hostiles incluso, inalcanzables. Que nada contamine el agua del sueño y sus posibilidades. Que vibren los deseos en las ondas de la superficie. *** No hay dos fotografías iguales aunque se tomen en el mismo lugar y la imagen captada sea idéntica, y la luz, el encuadre o los elementos que las habitan. Cada instante es una perspectiva: sutiles diferencias simplemente al respirar, una ligera variación en el pulso, un detalle mínimo o una emoción. *** No se puede atrapar lo etéreo de un sentimiento inesperado. Aunque a veces se seca sobre la piel, como se seca una lágrima.