Cuando los tres espíritus, el del pasado, el del presente y el del futuro dejan a Scrooge, le dan la oportunidad de abrir los ojos en un día de Navidad con todas las horas por delante, intactas.

El viejo gruñón, egoísta, triste y amargado siente de pronto la esperanza en la sangre. Aún es posible remendar su propio corazón.
-Muchacho, ¿qué día es hoy?
-Hoy es Navidad, señor.
Y todos los días amanece una Navidad nueva, intacta, con todas las horas por delante para arreglar los rotos. Aunque esa misión me asusta, pues no creo que sea capaz de suturar algunas incisiones profundas que de vez en cuando supuran.
Años de estar demasiado lejos, en un tiempo incierto de vulgaridad e impostura del que sólo salvan los hijos, como el resultado, el fruto de la pureza.
¿Cómo encontrar el camino de regreso?
Quisiera descansar, dormir durante meses, con los labios cerrados y la mente sumergida en un letargo sin culpa.
Quisiera abrir los ojos y sentirme acurrucada, de niña, en los brazos de mi padre.
***
Volví a verte en Chaouen.
El mismo corte de pelo, bombachos, sandalias y alegría curiosa en los ojos.
La misma yo que devoraba las calles de Delhi para atrapar recuerdos nítidos, altamente definidos, con la temperatura y la saturación en equilibrio: imágenes que me seguirían alimentando para siempre, fotografía interior que nunca se desdibuja.
Volví a verte soñar, viajar, leer, cantar, explorar. Y llenaste un día entero de juventud mi alma.
Ahora sé que eres tú, soy yo, el hogar para mis años, la meta que ambiciono, el tesoro más valioso, el amor más puro.
No hay nada más elevado y feliz que cerrar el círculo, concluir la búsqueda de la piel en la piel propia.
Nada hay que anhele ya fuera de mí, pero son mis brazos dadibosos y por eso los debo abrir al mundo.
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