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Sushi

Los gnomos de jardín son inquietantes. Tienes razón. Una extraña representación de la magia. No tengo ninguno. Mi padre tenía un par de ellos en su jardín de la casa grande. 
Extraño la casa grande. 
A veces tengo la sensación de que se la tragó la tierra de un día para otro, a pesar de haber ayudado en la mudanza. A pesar de haberla visto vacía.
No sé qué ocurrió con los gnomos. Imagino que allí seguirán con la nueva familia que vive en mi casa.
Parece que nos tragó la tierra de un día de otro. A pesar de la mudanza y vernos vacíos.
Tendría que haberles prestado más atención y encomendarles la misión de vigilar, no sé, por si no son como nosotros.
Extraño cómo éramos nosotros.

***

No podemos atar a las personas a nuestra existencia para siempre. Ni moldearlas, ni transformarlas a nuestro antojo. 
No podemos borrar cicatrices ni tampoco sería conveniente. 
Me dices que ves el mar y me ves a mí: ser una isla no te ayuda a olvidarme.
No lo sé. No pudimos atarnos el uno al otro, uno contra otro, ni moldearnos ni transformarnos. 
El agua salada ya sabes erosiona las superficies. Las lágrimas, lo de dentro.
Cada cual tiene su modo de llorar o afrontar la espera estéril.
Tú has aprendido equilibrio, y a soportar la sed. 
Yo no he vuelto a comer sushi.

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