Dicen que es barbecho. No lo sé, necesitaba alejarme de mí misma. Y parece que lo he conseguido casi del todo.
Se puede perseguir el equilibrio, a pesar de ser hijos del caos. Crecer en el vértigo constante nos hace inmunes a las caídas.
Es cierto, apenas escribo, aunque escriba a diario.
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La enseñanza es simple: no entregarlo todo, no darse por completo. Reservar energía para mantener el calor propio.
No soy imprescindible, ni única, ni se detiene el mundo por mí. No me guardarán la ausencia los pájaros ni los peces: serán distintos cuando yo no esté. Desconocida seré para mis amados. El alma cicatriza antes que la piel. Ahora lo sé.
No hay nada que compita con la velocidad de olvido.
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Tiene el mar en los ojos y todos mis días por venir.
Perdí mi reflejo en sus pupilas, una vez, por querer alcanzar un horizonte imaginario.
Supe del deseo que nace en la pureza desde el mismo corazón del desamparo.
Mis lágrimas, aquel invierno, fueron gotas luminiscentes en lo más oscuro': sin ti y sin mí nunca tienen propósito.
Regresa tu nombre a mis costumbres y vuelvo a creer que es posible existir sin miedo.
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