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Mil regresos

Debe haberlos.

Regresar, volver, levantarse y caminar. 

Las butacas vacías a veces aturden más que una multitud a gritos.

 

***


Se lo dije a mi amigo ayer: me está costando despegar. Tenía cuatro motores, dos en las alas, en la derecha y en la izquierda. Dos en los ojos, en el derecho y en el izquierdo. Y a veces se atascan uno a uno, dos a la vez, tres, o los cuatro al mismo tiempo. Sé el idioma del viento porque tú me enseñaste a domar cometas imposibles: las que tienen querencia de mar.


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Desde un perfil anónimo me escriben en la red social (hay muchas, pero todas son la misma): "eres muy creída y tus libros están plagados de chorradas". Esbozo una levísima sonrisa de mentira, y me engaño a mí misma, porque sonrío como si no me importara, pero nadie me ve. No tengo que fingir. Qué cansancio esta manía de construirle presas a las lágrimas.


***


Quiero escribir, pero urge vivir y deshacer la maleta, guardar todo en su lugar. El regreso. Mil regresos de lugares inciertos.

 

***

Leo a María Zambrano de nuevo. Y es como abrazar a una vieja amiga, que siempre estuvo ahí, a pesar del silencio. Es un agradecimiento íntimo: amar los cimientos propios.

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