Ir al contenido principal

A lo mejor es Dios

Gracias a mi amigo y editor, Javier Sánchez Menéndez, he conocido a Osvaldo Sauma.
Es de Costa Rica, y en su libro, Terapia de Locos, encontramos desgarros como éste:

(...)
yo también naufragaba en un mar sin orillas
aunque vos no lo vieras
o no quisieras verlo
que es la peor de todas las cegueras.

Los dos, Javier y Osvaldo, Osvaldo y Javier, son ejemplos.

........

Un par de alumnas han subido a mi Departamento buscando ayuda para entender la sintaxis. Mi compañera y yo les hemos fotocopiado apuntes, libros, ejemplos. Más apuntes, más libros, más ejemplos.
Una lista de oraciones resueltas. Vacías.
Aprender sintaxis. Entender el funcionamiento del idioma, el pálpito del habla, la emoción del alma si se comunica. Coordinación. Subordinación. Hilar un latido con otro, que se complementen.
Es difícil. Muy difícil. Mecánicos juguetes, hemos abandonado la conciencia y el pulso.
Sintaxis. Morfología. Miedo.
Entender que se comunican, y saberlo.
La angustia de lo abstracto. Y la juventud.

........

Necesitar la ausencia para germinar.

.......

A lo mejor es Dios
quien juega con mis pliegues
y me dobla y me desdobla
y remueve mi sangre.

Se deshojan los días.
Se queda en los huesos otra semana.

......

Para qué la piel, para qué mis huesos
sosteniendo mi sombra y mi vacío.
Que me lleve algún ángel de la guarda
bien lejos, esta noche.

Y que el viento me arrastre en su garganta
al océano inmenso
de los días perdidos.

.....

No es posible que sea un fracaso.
Los fracasos no son aire suficiente para las alas, ni grito incontrolable. No son de sol. No son de tierra entre los dedos, de vientre y de lluvia. Tú no eres un fracaso. Los fracasos no se sueñan, no se aman, no arden sin pausa veinte años.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Existir sin miedo

Dicen que es barbecho. No lo sé, necesitaba alejarme de mí misma. Y parece que lo he conseguido casi del todo.  Se puede perseguir el equilibrio, a pesar de ser hijos del caos. Crecer en el vértigo constante nos hace inmunes a las caídas. Es cierto, apenas escribo, aunque escriba a diario. .... La enseñanza es simple: no entregarlo todo, no darse por completo. Reservar energía para mantener el calor propio. No soy imprescindible, ni única, ni se detiene el mundo por mí. No me guardarán la ausencia los pájaros ni los peces: serán distintos cuando yo no esté. Desconocida seré para mis amados. El alma cicatriza antes que la piel. Ahora lo sé.  No hay nada que compita con la velocidad de olvido.  .... Tiene el mar en los ojos y todos mis días por venir.  Perdí mi reflejo en sus pupilas, una vez, por querer alcanzar un horizonte imaginario.  Supe del deseo que nace en la pureza desde el mismo corazón del desamparo.  Mis lágrimas, aquel invierno, fuer...

Salvaje

Las criaturas salvajes no son sutiles. Cazan para alimentarse, defienden a golpe de colmillo su territorio. La sangre es visible y las heridas, al aire. Ley de vida y naturaleza. Lo salvaje no entiende de planes sibilinos ni silencios hirientes. No hay propósito de daño adrede por puro ego. Sólo nosotros, sofisticados amos de la nada, dominamos la destrucción encubierta, la muerte lenta del espíritu y su hemorragia interna, la cicatriz invisible. Miro al futuro y sus escarpadas cumbres. Se pierde mi razón en las colinas del mundo que se abre ante mí, una vez más. Las criaturas salvajes no saben de mezquindad, por eso no le temo a lo salvaje. ... Regresar en el sueño, cualquier noche, hasta el umbral marino de tu cuarto. Romper diez años, hacerlos añicos, y esconderlos ahora debajo de tu cama. Deshacer la despedida  y tenerte en los ojos. ... Estos días, en los que suelo pintar y acallar a los demonios, son quizás los más conscientes. Escribir a veces se me resiste, pero...

Jefa

Jamás he tenido en las manos el poder suficiente para que el halo superior y el respeto vengan dados, sin tener que pelear hasta sangrar. Desde aquí ya sé que son absurdas muchas batallas si se las piensa. Sin embargo jefes y jefas por doquier se amontonan a mi paso, a la derecha y a la izquierda, me rodean, y marcan límites entre mis abismos y los suyos, y tiran puentes y cierran puertas.  C. me dice que ya no tengo que demostrar nada a estas alturas, ni buscar validación, reconocimiento, ni más ternura. Ya no.. He aprendido a dominar las lágrimas inoportunas. Imagino que Sisifo también llora en silencio su condena de no saberse jamás liberado de tanto peso. Pensará si no es quizás un castigo demasiado largo la eternidad. Los jefes dan órdenes, muchas imposibles, descabelladas, crueles. Las jefas sonríen y dan miedo. Taconean siempre sin pudor de un lado a otro. Suelo descalzarme cuando escribo y cuando como. Me gusta dejar que la inspiración ascienda desde los pies. N...