No huimos de la Navidad, aunque lo parezca. Sólo necesitamos perdernos adrede de la mano en la medina de Tánger, y sortear su exquisita sordidez: gatos callejeros, chicos jóvenes, callejeros también como los gatos, que ofrecen algo "bueno" para fumar.
_Anla shukran.
Es tarde, y las pequeñas tiendas ya se han apagado. Huele a especias y a mar. Las gaviotas se despiden hasta mañana, amor.
En la habitación 3 del Riad Sultana necesitamos perdernos adrede en la sordidez exquisita que elegimos.
Y vuelvo a dejar que seas lo que quieras en mi vida.
No huimos de nada ni de nadie, pero nos queda la aduana última.
De esta eternidad no se regresa, aunque nos espere en casa la rutina.
...
Sutil es la tristeza de lo previsible: horada el amor hasta el tuétano.
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