Ir al contenido principal

Intermitencia

De nuevo comienza julio y lo que creí que se había desanudado sigue apretando por dentro, como si el tórax tuviera dos tallas menos y la masa del corazón se hubiera densificado, aumentado hasta el límite. Cuesta latir, vivir, bombear sangre a todas las plantas de este edificio que ya muestra grietas visibles. 

***

Un viernes fueron sus manos las puertas al universo, la seguridad, un hogar imposible entre espinos, el agua transparente. Y el domingo, dolor agrio, silencio, muerte de las flores. De nuevo la corriente turbia de la incertidumbre y el vacío más absoluto detrás de unos ojos tan verdes como opacos.

"No te quiero al cien por cien. No te quiero como tú. No te quiero como para que sepa que ahí estás, atónita y confusa, asistiendo a la agonía del deseo."

***

Esta intermitencia del amor. Esta enfermedad dulce. Me he contagiado la boca con el roce animal de tu vientre.Esta intermitencia me hace suya y me retiene con las manos rudas que arrojan la esperanza, como un bebé muerto y repudiado, al fondo del olvido y que no importa.

Este sangrar infinito entre las piernas, oliendo a lo que no quieres que huela; a ti, no a mí, y te repugna porque no soy ella, ni la otra, ni ninguna de las que recuerdas. Porque soy nadie, igual que tú. Así me has hecho: nada, nadie, humo, desmemoria. Soy un cuerpo sobre ti, abierto de cuajo, descosido, roto por completo. Y me acurruco la vida en el acantilado de la cama, pero hay embestidas como temporales fieros: caigo entre las rocas en pedazos.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Existir sin miedo

Dicen que es barbecho. No lo sé, necesitaba alejarme de mí misma. Y parece que lo he conseguido casi del todo.  Se puede perseguir el equilibrio, a pesar de ser hijos del caos. Crecer en el vértigo constante nos hace inmunes a las caídas. Es cierto, apenas escribo, aunque escriba a diario. .... La enseñanza es simple: no entregarlo todo, no darse por completo. Reservar energía para mantener el calor propio. No soy imprescindible, ni única, ni se detiene el mundo por mí. No me guardarán la ausencia los pájaros ni los peces: serán distintos cuando yo no esté. Desconocida seré para mis amados. El alma cicatriza antes que la piel. Ahora lo sé.  No hay nada que compita con la velocidad de olvido.  .... Tiene el mar en los ojos y todos mis días por venir.  Perdí mi reflejo en sus pupilas, una vez, por querer alcanzar un horizonte imaginario.  Supe del deseo que nace en la pureza desde el mismo corazón del desamparo.  Mis lágrimas, aquel invierno, fuer...

Salvaje

Las criaturas salvajes no son sutiles. Cazan para alimentarse, defienden a golpe de colmillo su territorio. La sangre es visible y las heridas, al aire. Ley de vida y naturaleza. Lo salvaje no entiende de planes sibilinos ni silencios hirientes. No hay propósito de daño adrede por puro ego. Sólo nosotros, sofisticados amos de la nada, dominamos la destrucción encubierta, la muerte lenta del espíritu y su hemorragia interna, la cicatriz invisible. Miro al futuro y sus escarpadas cumbres. Se pierde mi razón en las colinas del mundo que se abre ante mí, una vez más. Las criaturas salvajes no saben de mezquindad, por eso no le temo a lo salvaje. ... Regresar en el sueño, cualquier noche, hasta el umbral marino de tu cuarto. Romper diez años, hacerlos añicos, y esconderlos ahora debajo de tu cama. Deshacer la despedida  y tenerte en los ojos. ... Estos días, en los que suelo pintar y acallar a los demonios, son quizás los más conscientes. Escribir a veces se me resiste, pero...

Baja la marea

Las personas que no son claras, que hablan a medias o que enredan las palabras hasta hacerlas inútiles me desesperan. Sí, me quitan la esperanza, me arrebatan energía y alegría. Nos rodean. No conversan, sino que existen para sí mismas y su monólogo eterno. Quizás he sido así también. Ahora procuro administrar mi capital de silencio y lo consigo. Aunque temo callar un día de éstos de forma irreversible y desembocar en la  sordera también, elegida y adrede. Mejor aislarme por voluntad propia que estar a merced de la déspota compañía intermitente de los perdonavidas. ... "Sólo una bala" me alcanzó una mañana del último verano eterno. La extraje yo misma. No dolió. Pero palpo en mi piel la huella del disparo y duele todavía.  El verano no llega aún. Le impide entrar una barrera de nieve. Las más graves son las heridas de dentro. No sirve el hielo para callarles la voz. Y ya es cuestión de vida o muerte su calor, porque a los golpes internos no los calma el hielo. ... Un impacto ...