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Caída

Presentir la caída. El vértigo clavado entre las vértebras. Este frío y su profundidad, de nuevo. Y tanta perplejidad que me arrastra al principio, donde todo es tan oscuro como una vida sin ti.

***

Encontró por fin el compañero del último calcetin desparejado. La vida en equilibrio se parece mucho a un cajón de la cómoda bien organizado, pensó.
Al menos podía respirar de nuevo. La serpiente del estómago ya no estaba. Pero sí el dolor residual del mordisco permanente durante cinco años.
Doblar la ropa recién recogida del tendedero. Oler las prendas de los niños y el aroma dulzón del suavizante. Los actos que la mantenían en orden y a salvo.
Pero es inevitable el calambre: desde la azotea se ve el puente nuevo sobre la bahía, y todas las casas que bordean el paseo marítimo, y entre ellas, el lugar que era de los dos, en un hueco más vacío que nunca y que le duele en las costillas.
La existencia sería quebradiza a partir de aquel día, después de aquella llamada. Debía asumir que había desaparecido.
Era el momento de reordenarlo todo. Pero antes debía encontrar el modo de huir un momento y presentarse allí, donde nadie la esperaba, a confirmar que todo es cierto, y que al otro lado del cristal en la Sala 6, se deshacía con él la mitad de su vida.

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