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Tormenta dulce

Tiene su propio lenguaje el ensueño, sus propia atmósfera. Y es frágil como una mariposa que se posa sobre la mano pequeña de la infancia.
Los tiempos perdidos permanecen en el aire solo en invierno. El frío los conserva para que brillen en el cielo limpio y nocturno. Saber mirar hacia arriba es un arte que se aprende con el tiempo, cuando se agotan el impulso y la inocencia. Alzar la vista, trascender la tierra, es cuestión de habilidad e instinto, como florecer.

***

Hace apenas unos días tuve un pedestal prestado.
Rara vez ocurre, pero las calles saben abrirse para mostrar el corazón. Los pasos distraídos ya no vuelven a serlo. Ya no hay esquinas indiferentes: las pocas que quedaban sin nombre ahora son más luminosas.
Sabía que debía exponerme a la tormenta dulce. Me protegió la magia de cuarenta noches que llevaba en los ojos.

***

La poesía también tiene sus lunes tristes.

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