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El mecanismo de lo estable

Es jueves. Es abril.
El lunes, volví al trabajo. Nómina, salario, sustento.
Y he decidido comenzar, de una vez por todas, este diario. A ver si consigo una mínima continuidad, y un par de lectores.
La zafiedad arrastra, y su corriente es fuerte, implacable.
Hay asideros en la orilla de alguna esperanza, la última. Esa de la que hablan, los que no están ahora aquí, y dicen que no hay que perder, jamás.
Quiero pensar que no es tarde.
Sí. Lo pensaré.


......

Abril y mayo, e incluso junio, son meses fuertes en lo literario.
Ya estoy invitada a tres ferias del libro, un par de encuentros de autores, y algún que otro acto de presentación de libros, propios y ajenos, muy míos.
No niego, ni disimulo, cierta ilusión.
Pero de unos años para acá, siempre desazón.
No soy la misma que hace diez años.Ya no somos los mismos.
Y se nota la erosión.
Caras que no deseo ver. Albaricoques (P., dixit), enfermos de ego, con los que no quiero desperdiciar mi maltrecha energía.
Hay que estar. Hay que seguir.
Mercaderes de almas, y páginas en blanco.


.......

Quizás te parezca extraño, pero prefiero la farsa. El juego.
Ni siquiera deseo verte. Ni tocarte.
Soñar, me alivia la prisa y la sed.
Y que me mientas, como siempre. Llévate la honestidad. Dásela a otra.
A estas alturas, es más seguro un amor de bolsillo y de mentira.
Tener tan cerca la vida, otra vida, empeora las cosas. El mecanismo de lo estable es frágil, e inflamable.
Mejor alejarse del fuego, las rachas fuertes de levante, y cualquier color que venga del mar.

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