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Salir del laberinto. Inshallah

A lo mejor es cierto. Sí, es cierto seguro. Que me adelanto en las palabras a los momentos, y que esos momentos casi nunca son buenos. Es cierto, seguro que es cierto.  Pero a veces siento que no merezco este vuelo tan perfecto, ni esta calma azul, ni los ojos limpísimos desde donde se asoma tu alma para besarme. De acuerdo. Ato en corto al miedo, le sujeto entre las piernas las fauces, le cierro la boca. Él solo se muerde por dentro las mejillas cuando no hay aire. Las gaviotas nos dan los buenos días, amor. Sobrevuelan los minaretes, y ya saben de nosotros. No despertamos porque no queremos, pero llamaron a la oración en el ensueño. Recién amanecía sostuve yo tu vida en una mano.  Y en mí, muy dentro, se abren vías de agua, un camino nuevo, rutas escarpadas en tu carne. *** Me robas fotos mientras hago fotos.  Es irremediable: sabes leerme en todas las lenguas.  No era tan difícil salir del laberinto, bastaba seguirte.

Riad Sultana

No huimos de la Navidad, aunque lo parezca. Sólo necesitamos perdernos adrede de la mano en la medina de Tánger, y sortear su exquisita sordidez: gatos callejeros, chicos jóvenes, callejeros también como los gatos, que ofrecen algo "bueno" para fumar. _Anla shukran. Es tarde, y las pequeñas tiendas ya se han apagado. Huele a especias y a mar. Las gaviotas se despiden hasta mañana, amor. En la habitación 3 del Riad Sultana necesitamos perdernos adrede en la sordidez exquisita que elegimos.  Y vuelvo a dejar que seas lo que quieras en mi vida.  No huimos de nada ni de nadie, pero nos queda la aduana última. De esta eternidad no se regresa, aunque nos espere en casa la rutina. ... Sutil es la tristeza de lo previsible: horada el amor hasta el tuétano.